El día que decidí irme de las redes solo unas pocas personas lo sabían, el resto se fue enterando.
Siempre pensé que no podía irme, que mí identidad digital, que había formado desde mí adolescencia, era algo que no podía soltar. Todos esos recuerdos, contactos, fotos.
Más de una vez se me cruzó la idea en la cabeza, pero siempre la descartaba.
Me imaginaba lo que pasaría y me comía viva la ansiedad.
Y si se enojaban conmigo?
Y si quedaba excluida para siempre?
Y si sin estar recordando mí presencia siempre que podía, se olvidaban de mí?
Como he mencionado antes, siempre fui tímida, mí presencia online comenzó como un lugar seguro, donde podía mostrar sin contar. Donde las personas podían saber cosas de mí sin tener que pasar yo por las preguntas. Era cómodo.
Pero con el tiempo esa herramienta se convirtió en lo único que sabía hacer. La única forma en la que podía ver el mundo.
Salía a la calle, interactuaba con personas, pero si no posteaba nada al respecto, sentía como que ese tiempo lo había desperdiciado…y cuando posteaba me invadía una sensación de alivio. «Listo, ya puedo seguir con lo que estaba haciendo»
Y seguía solo por un tiempo corto, porque luego comenzaba la fase de las notificaciones y el chequeo constante.
El punto de inflexión
Cuando me puse en pareja, contar la historia se volvió el eje central de todas mis publicaciones, y estaba tan enfocada en que mí relación luciera perfecta, que dejaba pasar maltratos por alto. Qué van a decir si de golpe nos separamos? No voy a parecer una tonta?
No me había dado cuenta, pero estaba atada. Atada a seguir interpretando ese personaje que tanto tiempo llevaba construyendo. Pensaba que las personas seguían mí vida como espectadores de una serie, y que se iban a enojar si no tenía «final feliz».
Irónicamente, esa última fachada que me había esforzado en mantener, la de la relación perfecta, fue la que me dio el empujón para salir.
Esa relación terminó.
Pienso que lo peor de terminar una relación hoy en día es que las redes sociales son implacables con los recuerdos, sugerencias, contenido.
Además de que no te dan espacio para procesar nada los mismos seguidores, con su curiosidad.
Estaba muy cansada. Solamente quería que el malestar que tenía, esa angustia que vuelve incómodo hasta respirar, se fuera.
Y se fue. Se fue todo cuando termine de borrar las cuentas.
La partida
Cómo quien arma una valija, tomé captura y grabé videos de todo lo que ya estaba en mí perfil y en ningún otro lugar. Lo descargué en la computadora.
Luego busqué como llegar a destino, como borrar permanentemente las cuentas.
Después emprendí el viaje.
Demoré más de lo que pensaba en llegar, eliminar la cuenta era una opción que me costó encontrar, no estaba a la vista ni en Twitter ni en Instagram. Tuve que buscar tutoriales para estar segura de hacerlo bien.
Armé una pequeña lista mental de contactos y luego de terminar con mí tarea y dejar atrás mí identidad virtual, les avisé. Hubo algunas quejas, pero ya estaba hecho.
Respiré profundo y lloré mucho. Hasta que me dormí.
Pero al despertar al día siguiente, sentía que todas las posibilidades a intentar estaban a mí alcance.
Y lo más importante, mí vida había vuelto a ser solo mía.

Un abrazo y que estén bien 🌱
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